
Desconcierto occidental

Voy a insistir otra ves en mi tozuda "mala praxis geopolitica" de interpretar a la prensa, que -como toda tropa de ocupación- muestra la estrategia de los mandos, aunque solo visible si uno se sumerge en sus vericuetos y mensajes ocultos.
Y por ello me parece que, por lo que están publicando, Occidente ha perdido la iniciativa tras el jaque sorpresa de Putin con el reconocimiento de la soberanía del Donbás.
De repente, la catarata dramática sobre "la inminente invasión a Ucrania" se ha secado hasta quedar en fango, al mover Moscú las líneas de las fronteras y generar un infinito debate sobre las tantas caras del derecho internacional.
Con lo que, en lugar de dar una patada en el tablero -como le acusan-, lo ha cambiado por otro tapete, aún más indescifrable para los halcones atlantistas, que pierden su papel de acusadores universales.
Ahora le podrán acusar a Putin de todo y más alguna cosa, pero ya no cuela el señalarlo de invadir a un estado (nuevo) que paradójicamente, le pide auxilio militar.
O sea, que las coordenadas son otras, aunque la agotada Ucrania sigua siendo un señuelo de la OTAN, mientras insiste en perseguir su destino de miseria, de traición y de abandono.
Y de ahí la perplejidad, la falta de reflejos, la necesidad de reconfigurar la estrategia y sobre todo, de elaborar un nuevo argumentario.
Y eso se traduce en el evidente desconcierto y los disparos al aire de los medios occidentales.
Lo que pone negro sobre blanco, que todo aquello sobre "la invasión" fue una burbuja de propaganda y de provocación, digan lo que digan, publiquen lo que publiquen.
Anunciaron temerariamente y por meses un espantoso día D y terminaron noqueados por una jugada política.
Ahora desenvainan el sable de las sanciones pero le temen tanto a su doble filo, como a tener que guardarlo sin una gota de sangre enemiga.
Por Occidente desean que su odiado Putin sea tan irracional como lo venden, pero saben que también puede tener una respuesta preparada y osada, tras cada movimiento timorato de las varias bandas anárquicas de la OTAN.
Y para cuadrar el círculo, puede que la genética caníbal de Europa le sirva por una vez para justificar falta de consenso y no imponer las implacables sanciones amenazadas.
Cuándo en verdad, hay un pavor generalizado ante el posible y terrible precio a pagar por todos los estamentos europeos, por esta aventura de su tío norteamericano.


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