
La justicia de Imilia
Luis Aubrit
Eran las diez menos veinte de la mañana del 1 de abril de 1971. Una bella y elegante mujer de profundos ojos color de cielo, entra en la oficina del cónsul de Bolivia y espera pacientemente ser atendida.
Mientras hace antesala, mira indiferente los cuadros que adornan la oficina. Roberto Quintanilla, cónsul boliviano, vestido elegantemente de traje oscuro de lana, aparece en la oficina y saluda impactado por la belleza de esa mujer que dice ser la australiana, y quien días antes le había pedido una entrevista.
Por un instante fugaz, ambos se encuentran frente a frente. La venganza, aparece encarnada en un rostro femenino muy atractivo. La mujer, de belleza exuberante, lo mira fijamente a los ojos y sin mediar palabras extrae un revolver y dispara tres veces. No hubo resistencia, ni forcejeo, ni lucha. Los impactos, dieron en el blanco. En su huida, dejó atrás una peluca, su bolso, su Colt Cobra 38 Special, y un trozo de papel donde se leía Victoria o muerte. ELN. Así ,fue como en año 1971 cruza el Atlántico y vuelve a su natal Alemania. En Hamburgo, ejecuta personalmente al cónsul boliviano. El coronel Roberto Quintanilla Pereira, responsable directo del ultraje final a Guevara: la amputación de sus manos luego de su fusilamiento en La Higuera, cae abatido. Con esa profanación, firmó su sentencia de muerte. Desde entonces, la fiel “Imilla” se propuso una misión de alto riesgo: juró que vengaría al Che Guevara.
Después de cumplir su objetivo comenzaría una cacería que atravesó países y mares y que solo encontró su fin cuando Mónica cayó muerta en el año de 1973, en una emboscada que según algunas fuentes fidedignas le tendió su traicionero “tío” Klaus Barbie.







